LECTURAS:
Primera Lectura: Lectura del Libro del Eclesiástico (3, 17-18. 2)
Salmo (67, 4-5) R: Señor, por tu bondad tú preparaste una morada para el pobre.
Segunda Lectura: Lectura de la carta a los Hebreos (12, 18-19. 22-24)
Evangelio: Lectura del santo Evangelio según san Lucas (14, 1. 7-14)
Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente. Y al notar cómo le invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola:
«Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú, y cuando llegue el que os invitó a los dos, tenga que decirte: “Déjale el sitio”, y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar.
Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: “Amigo, acércate más”, y así quedarás bien delante de todos los invitados. Porque todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado».
Después dijo al que lo había invitado: «Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa.
Al contrario, cuando des un banquete invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos.
¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!»
REFLEXION:
La primera lectura y el evangelio de hoy parecen compartir cierta similitud en su mensaje. Ambas nos hablan de la importancia de la humildad en la vida, en el comportarse frente a lo recibido y en el momento de acercarse a un convite. Es de notar que Jesús era un gran observador y lo primero que hace es mirar como las personas se van buscando los primeros puestos y le parece que esta actitud es contraria a su mensaje, pues ya en alguna ocasión les había advertido a sus discípulos que no debían competir por los primeros puestos sino por el servicio. Hoy en día es muy común observar como en las fiestas y banquetes los puestos están señalados de antemano por orden de significación social, de parentesco o de amistad. Al llegar a una fiesta no hay que sentarse donde uno quiera sino donde ha sido asignado y si no lo hace así es posible que alguien con delicadeza le señale el lugar correcto. Jesús les advierte a la gente sobre la importancia de no buscar los primeros lugares en los banquetes sino de buscar un lugar humilde y menos destacado pues es menos vergonzoso ser llevado a un puesto mejor que ser degradado a uno menor. Por otro lado, Jesús le hace una recomendación a quien lo había invitado de que cuando ofreciera un banquete no lo hiciera para los ricos sino para los pobres y necesitados para aquellos que fuesen incapaces de re recompensarlo. Esta idea de Jesús parece ir en contravía de lo que se vive hoy en los banquetes tradicionales que ofrece cualquier persona ante un acontecimiento importante de su vida. Hoy en día los pobres y los necesitados no son invitados ni siquiera a pararse en frente de las rejas de los sitios de banquetes. El pobre sigue siendo excluido de las grandes fiestas o simplemente es llamado para mirar de lejos cuando se requiere de él su voto para algún político o cuando se requiere su participación masiva en algún evento alienante en el que se le permite liberar sus tensiones diarias a través de conciertos, reinados y carnavales. Creo que las lecturas de hoy nos invitan por un lado a reconocer a quien nos hemos acercado nosotros y quién es el que nos hace la recomendación de vivir de manera humilde y sencilla, por otro lado, somos invitados a mirar nuestros comportamientos para saber si estamos viviendo de manera humilde o sencilla o lo estamos haciendo de manera altiva, orgullosa y prepotente. En último lugar creo que el Señor nos invita hoy a preguntarnos por nuestros banquetes, a quiénes invitamos nosotros a nuestras fiestas, somos capaces de incluir y de compartir con aquellos que no pueden recompensarnos, nos acordamos de compartir nuestra comida y nuestros bienes, con aquellos que no cuentan para el mundo, somos capaces de incluir a los excluidos de la sociedad en nuestra mesa?
Que el corazón de Jesús nos ayude a vivir la radicalidad de nuestro compromiso bautismal.
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