LECTURAS:
Primera Lectura: Lectura del Libro del Exodo 3, 1-8a. 13-15
Salmo: 26.102 / EL SEÑOR DEFIENDE A TODOS LOS OPRIMIDOS/
Segunda Lectura: Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Corintios 10, 1-6. 10-12.
+ Lectura del Santo Evangelio Según San Lucas 13, 1-9
Hablaba Jesús del juicio divino, cuando se presentaron unos y le contaron el caso de los galileos que Pilato había mandado matar mientras ofrecían sacrificios, de manera que se mezcló su sangre con la de los animales que sacrificaban. Jesús les dijo entonces: ¨¿Piensan que porque ellos sufrieron esa muerte eran más pecadores que los demás galileos? Les aseguro que no. Y si ustedes no se arrepienten, todos por igual van a perecer. O aquellas dieciocho personas que murieron en Siloé, aplastadas por la torre que les cayó encima, ¿piensan que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no. Y si ustedes no se arrepienten van a perecer todos por igual.¨ Les dijo también esta parábola: ¨ Un hombre tenía una higuera sembrada en medio de su viña. Y fue a ver si encontraba higos, pero no encontró. Entonces le dijo al encargado de la viña, ¨ Ya ves, desde hace tres años estoy viniendo a buscar higos en esta higuera y nunca encuentro nada. Lo mejor es que la cortes. ¿Para qué dejar que ocupe terreno inútilmente? Pero el encargado le contestó: ¨ Señor, déjala todavía otro año, mientras tanto yo remuevo la tierra y le echo abono. Tal vez entonces dé cosecha. Si no da, entonces sí la cortas.¨ PALABRA DEL SEÑOR. GLORIA A TI SEÑOR JESUS.
REFLEXION:
Dios se revela en las acciones realizadas en favor de su pueblo. Ante su gratuidad no basta maravillarse, es necesario corresponder-dar respuesta-. Es el ejemplo de Moisés, cuya respuesta aunque costosa es justa. Dios se manifiesta como liberador de un pueblo en situación de opreseión, explotado, al cual se le desconocen sus derechos. Es el Dios presente en la historia, no lejano. Él siente y le hiere el grito de quien sufre: "He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos..."
Dios interviene para liberar porque tiene experiencia del sufrimiento humano, sabe, comparte: "he visto... he oído... me he fijado". Y hay una orden directa-continuando la lectura-:"Ahora, pues, ve, yo te envío a Faraón, para que saques a mi pueblo". Dios decide intervenir en la historia, y en este caso envía a Moisés. Tal vez haciendo incapié en la confianza que tiene en el hombre, que debe ser el protagonista de su propia historia. Así, lo que inció por curiosidad en Moisés: "Voy a acercarme a mirar este espec`´aculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarsa"; terminó en un llamado y un envío-por parte de Dios-, que espera una respuesta -por parte del hombre-.
Se realiza el contacto con Dios: "Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar lo llamò...", es la insistencia firme, de que todo llamado de Dios no puede quedar simplemente en un gozo estático. Dios no se revela para satisfacer la curiosidad de Moisés, sino para manifestar su proyecto -hay algo que hacer-. Su vocación se traduce en una misión precisa. La cual es ratificada por quien es llamado, con su aceptación libre y voluntaria: "Aquí estoy". Es el fruto ante la experiencia del encuentro con Dios.
"Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró..."
En el acontecer de la vida no siempre nuestra(s) respuesta(s) corresponde(n) a lo que espera quien nos confia ciertas tareas. Algunas veces se termina decepcionando muchas espectativas. Los frutos no se ven o no están a la altura de la calidad esperada. Esa es la realidad plasmada en la parábola de la "higuera plantada en la viña".
Para los Israelitas los higos y las viñas son señal de su instalación en la tierra prometida y recuerdan también el paraíso perdido. Viña de Dios es el Pueblo elegido. Y al hacer referencia que "...fue a buscar fruto y no lo encontró", indica la desilución, que a la vez, viene de tiempo atrás: "Tres años llevo viniendo a buscar fruto a esta higuera, y no lo encuentro".
El viñador intercede ante el amo para que tenga paciencia y prolongue su corte. Hoy ese mediador es Cristo, que está a nuestro favor, indicándonos que el amor no puede ser vencido por la obstinación, el rechazo, la cerrazón, la indiferencia, la aridez. La expeciencia nos enseña que "tiempo y amor" hacen posible el éxito del proyecto de Dios. A pesar de tantas desilusiones que le propinanos a Dios en muchas ocasiones. Él continúa creyendo en cada uno/a, esperando algo bueno -frutos abundantes-. Es el sensibilizarnos de la clemencia y la misericordia de Dios, "que es lento a la cólera y rico en piedad".
Si al confrontar nuestra vida con las palabras de Jesús, nos percatamos de nuestra esterilidad, es tiempo de conversión, para que surja el cambio duradero y demos "fruto en adelante". Es hora de descubrir bajo la luz del Espíritu la fuerza trasnformadora del Reino y relanzar nuestra vida hacia la plenitud.
En la segunda lectura, Pablo nos alerta sobre algunas respuestas erróneas a la iniciativa divina. Para ello toma la experiencia del éxodo, en algunos elementos (la nube, el mar, el maná, el agua que brota de la roca), pone en evidencia la manera equivocada de algunos israelitas para responder a la intervención de Dios, dedicándose a la idolatría y a prácticas licenciosas, "provocando" a Dios y lamentándose -murmurando-. Y en relación con el Nuevo Pueblo de Dios, Pablo coloca esa historia como "anticipadora" o "escarmentadora". Se refiere a la comunidad de Corinto, a la cual invita a no repetir los mismos errores. Subraya la postura equivocada: la presuntuosa seguridad de los "fuertes" de la iglesia de Corinto. Quienes piensan estar garantizados siempre y en toda circunstancia por la práctica de los sacramentos y de la experiencia espiritual. Alerta para que no caigan en el orgullo que les cierre los ojos ante la realidad de la vida cristiana. Es claro que los sacramentos no obran automáticamente-por arte de magia-, ni son punto de llegada definitivo, sino que introducen y acompañan a lo largo del camino que hay que recorrer, día a día, en compromiso de respuesta constante a Dios y de servicio a los hermanos. "El que se cree seguro, ¡Cuidado! no caiga"
Eduard Riascos, msc
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