LECTURAS:
Primera Lectura: Génesis 15, 5-12. 17-18
Salmo: 26. El Señor es mi luz y mi salvación.
Segunda Lectura: Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses.
+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 28b-36
En cierta ocasión llamó Jesús a Pedro, a Juan y a Santiago, subió con ellos a l monte a orar. Y mientras estaba orando, el aspecto de su rostro se transformó, y su vestidura quedó blanca y deslumbrante. De pronto dos personajes empezaron a hablar con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron rodeados de gloria y hablaban de la partida de Jesús de este mundo, que iba a cumplirse en Jerusalén . Y aunque Pedro y sus dos compañeros estaban con mucho sueño, pudieron mantenerse despiertos, y vieron su gloria y a los dos personajes que estaban con él. Y cuando ya estaban estos para irse, le dijo Pedro a Jesús: ¨Maestro ¡ qué bueno que estemos nosotros aquí ! Vamos a hacer tres enramadas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.¨ Es que no sabía lo que decía. Todavía estaba él hablando, cuando apareció una nube que se posó sobre ellos. Y al quedar envueltos en la nube, se llenaron de miedo. Entonces se oyó una voz que salía de la nube y decía: ¨Este es mi Hijo, mi elegido. Escúchenlo a él.¨ Y cuando dejó de oírse la voz, quedó Jesús solo. Ellos guardaron silencio, y de momento no contaron a nadie nada de lo que habían visto. Palabra del Señor.
REFLEXION:
En este segundo domingo de cuaresma somos invitados a algunas actitudes concretas propias de nuestra vida cristiana.
Escuchar. En el evangelio de Lucas en la manifestación que hace la voz desde la nube se nos invita a escuchar. La escucha es una de las actitudes religiosas primarias y fundamentales en nuestra vida espiritual, a través de ella podemos descubrir lo que Dios quiere de nosotros, cuáles son sus expectativas y deseos frente a la humanidad para poder responder de forma coherente a lo que él espera de nosotros. Si no escuchamos no sabremos lo que se espera de nosotros.
Transfigurarnos. En el evangelio vemos cómo Jesús se transfigura en frente de sus discípulos mostrándoles así esa parte divina que aun no habían podido ver en él. De igual manera somos nosotros llamados a transfigurarnos ante nuestros hermanos de forma que el Espíritu divino que recibimos el día de nuestra creación pueda manifestarse ante los demás.
Orar. La participación activa en la oración puede ayudarnos en esta transformación de nuestras vidas, pero dicha transformación no es sólo para la contemplación para quedarnos y regocijarnos en en ella sino para mostrarla a los demás. Qué hermoso sería si cada vez que participamos de la liturgia de la iglesia sintiéramos como si hubiéramos ido a la montaña con Jesús, pero qué hermoso sería si lo que hemos vivido salimos a compartirlo con aquellos que no han podido participar con nosotros del gozo de nuestra liturgia u oración.
Estar despiertos. Otra actitud muy importante es la de no dormirnos o perder la conciencia como le pasó a Pedro y sus compañeros que casi se caen del sueño y no pudieron por tanto ser conscientes al 100% de lo que estaba pasando a su alrededor.
Recordar la Alianza. La primera lectura nos recuerda la Alianza de Dios con Abraham, en esa alianza primigenia también se puede leer nuestra propia alianza con Dios, ese pacto de amor a través del cual el Señor se ha comprometido a estar con nosotros para llevarnos a una tierra mejor, una peregrinación que comienza aquí en este mundo pero cuya meta está más allá del mismo.
Vivir con y como Jesús. En ese caminar valdría la pena recordar la invitación de san Pablo a los Filipenses a no vivir de espaldas a la cruz y por el contrario vivir de acuerdo a los buenos ejemplos que han visto en los verdaderos seguidores de Jesús. Creo que esta es una actitud que está exigiendo una nueva mirada de los cristianos, pues normalmente tendemos a fijarnos más en los malos ejemplos que en los buenos. Por eso la invitación final es a mantenerse firmes en el Señor, pero sólo pueden mantenerse firmes aquellos que como Jesús suelen orar constantemente y escuchar la palabra del Señor.
Para reflexionar:
¿En que momentos te has transformado en tu vida? ¿Ha sido para bien o para mal? ¿Invitas a tus amigos a orar o a otras actividades? ¿Cuándo le has dado la espalda al Señor y por qué? ¿Eres capaz de reconocer tu alianza con el Señor y lo que eso implica en tu vida? ¿escuchas con regularidad al Señor?
Que el amor de Dios nos ayude a transformar nuestras vidas según el modelo de Jesús.
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