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La Cuaresma PDF Imprimir
Miércoles 17 de Febrero de 2010 22:22

Cuando hablamos de cuaresma nos referimos al tiempo comprendido entre el miércoles de ceniza y el Domingo de Pascua. Un tiempo que nos regala la  iglesia de  preparación para celebrar el misterio pascual, pasión-muerte-y-resurrección de Jesús. La cuaresma es por tanto un tiempo de conversión marcada por unas prácticas en las que se incluye el ayuno, la abstinencia, la oración  y la caridad. Estas prácticas no son el centro de la cuaresma solamente son medios a través de los cuales queremos llegar a la conversión, a una transformación de corazón que muestre que realmente somos creyentes en Jesús Nuestro Señor.

Desde finales del siglo II la preparación para la celebración de la pascua era de dos días de ayuno riguroso y con carácter escatológico. En Roma a finales del siglo III la preparación era de tres semanas, en las que se ayunaba diariamente sin incluir sábados y domingos. El inicio de la  cuaresma propiamente dicha data del siglo IV. Hacia el año 385 la preparación pascual se alargó a seis semanas también con ayuno diario, excluyéndose el viernes y el sábado. Así fue evolucionando la cuaresma pasando por diferentes etapas hasta llegar a la configuración que tenemos hoy.

La imposición de la ceniza el miércoles de ceniza empieza a ser obligatoria a partir del siglo X, al comienzo pertenecía a los ritos de penitencia canónica que se imponían a los catecúmenos en su proceso de conversión. La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la misa, después de la homilía; aunque en circunstancias especiales, se puede hacer dentro de una celebración de la Palabra. La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor, del año anterior, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII. La fórmula de bendición hace relación a la condición pecadora de quienes la recibirán. Las fórmulas de imposición de la ceniza se inspiran en la  Escritura Gen 3,19 y Mc 1.15.

El simbolismo de la ceniza es el siguiente:

  • Resaltar la condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte.
  • Situación pecadora del hombre
  • Oración y súplica ardiente al Señor para que acuda en su ayuda.
  • Resurrección, en cuanto el ser humano está llamado a participar en el triunfo de Cristo.
  • Conversión, en cuanto el hombre está llamado a transformar su corazón desde la vivencia de los principios del Evangelio.

El miércoles de Ceniza es el comienzo de la cuaresma. En ese día nos marcamos con una cruz de ceniza en la frente. A través de este signo manifestamos nuestro reconocimiento como pecadores y a su vez nuestro deseo de transformación, de cambio. Nos ponemos la cruz porque creemos en Dios y en su poder transformador. Hay muchas personas que no saben porque se ponen la cruz este día, inclusive hay muchos que lo hacen simplemente como una tradición, otros por un juego, se la ponen más de una vez o se preguntan si quedo o no bien demarcada. Hay algunas frases que se escuchan ese día como “conviértete y cree en el evangelio” o “recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás” con ellas se nos recuerda por un lado la fragilidad de nuestra vida pero por otro lado la invitación a la conversión, a la transformación de nuestra vida. Nos signamos con esa cruz porque queremos convertirnos y para esa conversión la iglesia nos brinda unos medios como son el ayuno.

El miércoles de ceniza y el Viernes Santo son indicados como días de ayuno y todos los Viernes como días de abstinencia. El ayuno y la abstinencia van de la mano. A través del ayuno queremos reconocer que nuestro verdadero alimento es Dios, que si El nos falta no somos nada. La abstinencia es una invitación a hacer algún tipo de penitencia en nuestra vida, abstenernos significa negarnos a hacer algo que nos gusta, algo que implique sacrificio en nuestra vida. Cada persona esta llamada a reflexionar en su propia vida para descubrir que no todo le está permitido, que no todo lo licito es bueno y descubrir qué actitudes o de qué cosas quiere abstenerse en la cuaresma. Algunos ejemplos podrían ser: los dulces, palabras hirientes, celos, Internet, alcohol, cigarrillos, maltratos infantiles, novelas, maquillajes, tintes de pelo, ropas de marcas, chismes, groserías, infidelidades, etc.  No hacemos abstinencia por hacer abstinencia nada mas, debemos hacerlo por algo positivo. Inclusive al ayuno debemos darle un sentido positivo. Ayunamos para sentir necesidad de Dios, pero también para darnos cuenta como sufren quienes carecen del pan material. Entonces aquello que ayunamos lo compartimos con los necesitados o lo podemos entregar a alguna institución. Por eso cuaresma es también un tiempo para la caridad, pero caridad de verdad, aquella que se ejerce con generosidad y que Dios restituye y multiplica en nosotros en muchas maneras.  Otro medio para la conversión se llama oración. Orar significa dialogar, conversar con Dios, en cuaresma somos llamados a intensificar nuestro dialogo con Dios. La oración nos conecta con Dios y al mismo tiempo también con nuestros hermanos, una verdadera oración no nos saca de la realidad sino que por el contrario nos sumerge más en ella y a su vez nos hace más conscientes de lo que vivimos y del papel que nos encomienda Dios en la transformación del mundo.

En Isaías (1,16-17; 58, 7-10) encontramos una descripción del ayuno que le agrada a Dios y este dice referencia inmediata al servicio y la caridad para con los demás. Cuando esto se da entonces nuestro rostro brilla, hay luz en el y podemos por lo tanto acercarnos a Dios con la confianza de saber que él está cerca de nosotros.  Jesús nos dice como debemos comportarnos cuando ayunamos, como deben ser nuestras practicas cuaresmales, cual es la actitud que debemos tener ( Mt 6, 1-8) Aparte, de la abstinencia de carne los viernes de cuaresma, con respecto a la práctica del ayuno y la abstinencia en un mismo día se especifica en el Código que ambos "se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo"  A la hora de señalar la obligatoriedad de estas prácticas se dice en el  Código de derecho Canónico  que "la ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad (18 años), hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años" (c.1252).

Durante el tiempo de cuaresma no se dice aleluya.

 
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