|
El pasado viernes 7 de Agosto conmemoramos el paso de este mundo al Padre del reverendo José Fath. Un misionero del Sagrado Corazón de Jesús de procedencia de Estados Unidos, quien pasó la mayor parte de su vida en Colombia, sirviendo a la construcción del Reino de Dios y a la consolidación de la misión de los Misioneros del Sagrado Corazón en nuestro país. La pequeña comunidad msc colombiana le está altamente agradecida por su dedicación y servicio al igual que todas las personas que lo conocieron. Para recordar parte de lo que fue, el padre Germán Barona escribió lo siguiente:
PADRE HOWARD JOSEPH FATH, MSC UNA VIDA PARA LA MISION DE LOS MSC EN COLOMBIA
El P. José Fath, como lo conocíamos en Colombia, fue uno de los baluartes en la construcción de nuestra Comunidad MSC en Colombia. Yo tenía 23 años cuando lo encontré por vez primera, hoy tengo 55. Fue en un Diciembre, lo conocí en Cali Colombia, cuando él era párroco en La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe. En aquel entonces era difícil decir mucho porque nuestro encuentro fue muy breve y él andaba involucrado en muchas cosas en esos días. Tengo entendido que colaboró mucho en la fundación del colegio parroquial y el centro de salud que todavía funciona ahí, además era un hombre muy comprometido con la juventud y la situación de pobreza que vivía la gente de esa Parroquia. Un año más tarde vino a Bogotá a asumir el trabajo de párroco en mi parroquia de infancia, Santa Margarita María Alacoque, donde hoy día yo soy párroco. Su tiempo en esta parroquia fue muy breve, apenas de un año. Después de esto fue a los Estados Unidos por un breve tiempo y luego regresó a Colombia donde en Bogotá fundó con un grupo de profesionales el Centro de Asesoría Familiar, CAF, que prestó un gran beneficio a familias de nuestra Parroquia de Santa Margarita María y de otras parroquias en Kennedy y Bogotá. Al mismo tiempo el P. Fath era uno de los miembros de un equipo pastoral de Familia que trabajaba muy comprometido en los encuentros de parejas del movimiento Eclesial conocido como “Encuentro matrimonial”. Desde ahí, lo conocí animando la vida de muchas parejas católicas y muy comprometido con la vida sacramental del Matrimonio. Por aquellos días su trabajo ministerial y su vida religiosa transcurrieron un poco fuera de la vida comunitaria de los MSC en Colombia. Desde esa realidad el P. José fue nombrado por el consejo provincial para ser formador de estudiantes de teología de nuestra naciente comunidad colombiana. Éramos apenas dos estudiantes, Orlando Moreno y yo. En ese trabajo duró apenas un semestre. El P. Fath venía desde hacía un tiempo luchando con un problema de alcoholismo que no había podido resolver. Animado por el P. Provincial de ese momento, El P. Gerald Paul, MSC, el P. José decidió ingresar en un programa de rehabilitación en un Centro en los Estados Unidos, ahí permaneció cerca de un año quizá un poco mas y desde ahí regreso a Colombia con nuevo entusiasmo y decidido a darlo todo por el Reino de los Cielos. Desde entonces pudimos ver lo que es un hombre con un verdadero espíritu misionero y con un deseo inagotable de cambiar el mundo. Cuando lo volví a encontrar en mi vida, hace cerca de veinticuatro años, el P. José era otro. No sé cómo había llegado a La Costa pacífica, al sur de Colombia, donde en muchas ocasiones llegaba para adentrarse en la vida de comunidades afro-americanas, donde se vive en situaciones infrahumanas y marginales. Donde los niños de aquella región vivían convencidos que Michael Jordan, era un joven de Tumaco, pueblo NARIÑENSE de la costa pacífica colombiana, que se había ido para los Estados Unidos y se había vuelto famoso y rico, pues ellos tenían el pensamiento que en Estados Unidos toda la gente es blanca. Muchos querían hacer lo mismo cuando fueran grandes. Hasta esos lugares fuimos todos los seminaristas de aquella época detrás de los pasos del P. José Fath, haciendo recorridos en barco de quince y dieciocho horas, en lancha o canoa, con el deseo de alcanzar la miseria y destruirla porque no creíamos que fuera compatible con el Reino de los cielos. Durante muchos años hicimos estos recorridos, hasta que la situación de inseguridad por la violencia nos impidió volver. Pero el P. Fath no descansaba. Durante los seis meses que fue mi director de Teología me encaminó a realizar mi trabajo pastoral en uno de los Barrios más pobres de Bogotá, llamado Tintalito; ahí trabajé por cerca de cuatro años con el P. Marcos McDonald, hoy nuestro Superior General, en la formación de una comunidad cristiana con el propósito de iniciar una nueva parroquia. Cuando yo tuve que dejar ese apostolado después de mi ordenación sacerdotal, el P. Fath llegó ahí y con los nuevos estudiantes de Teología, él como formador, animó y consiguió la institución de la nueva Parroquia, llamada San Roque González. Después no se conformó con haber cumplido esa tarea sino que se traslado a otro barrio Marginal, llamado El Amparo donde con un grupo de jóvenes creó una fundación que daba trabajo a varios jóvenes del lugar. Al mismo tiempo inició la creación de la nueva Parroquia del barrio María Paz en Patio Bonito. Para entonces ya fue nombrado superior de nuestra comunidad colombiana, ministerio que desempeñó durante seis años, dando lo mejor de sí para hacer crecer nuestra pequeña comunidad. Animando la vida fraterna y permitiéndonos crecer en compromiso misionero. Con él como superior iniciamos el trabajo en la formación de una nueva Parroquia en la Arquidiócesis de Cali, Nuestra Señora del Sagrado Corazón, donde trabajamos por cerca de ocho años y donde antes de declinar en su humanidad pasó uno de los años más felices de su vida, entre el 2004 y 2005. Toda su vida con nosotros fue de animación y esperanza en la vida de la misión. Cuando sufrió el infarto, hace cerca de seis años y supo que debía ser intervenido quirúrgicamente, me escribió con esta súplica: “Germán, amigo mío, me van a operar y tengo miedo, te ruego que ores mucho por mí, todavía no quiero morir, quiero continuar en la misión pase lo que pase”. El Señor, Dios de amor, le regalo cinco o seis años mas de vida, dos de los cuales los pasó en Colombia. Para nosotros esos dos años del P. Fath entre nosotros fueron un verdadero regalo del cielo. Para mí especialmente. Que todas las bendiciones de Dios sean así y nuestra vida será rica en el Amor. En Junio del 2007, lo vi por última vez en este mundo. Su vida rica en amor de Dios había perdido mucha calidad humana, estaba muy deteriorado, sin embargo vivía feliz porque estaba en una misión de los MSC con indígenas en California. Nos contó muchas historias sobre las tradiciones de los indígenas y de cómo él vivía ahí su vida. Siempre pensaba en la misión y en la vida después de la muerte, de lo que contaba muchas historias. Diez días después de haberme encontrado con Él, nos despedimos. Seguramente que ambos teníamos la certeza de que no volveríamos a vernos en este mundo pero nos despedimos con la esperanza de que sí. Bien, Dios no quiso que así fuera. Nos queda la certeza de que nos encontraremos en la eternidad. José, que Dios te bendiga donde estés gracias por todo lo que me enseñaste, por todo lo que compartimos, por nuestra amistad. Te llevaré siempre en mi corazón y te recordaré con el amor y el gozo de haber encontrado en ti un amigo, un hermano y un modelo de quien supo luchar por alcanzar la eternidad con Dios. Un verdadero Misionero del Sagrado Corazón de Jesús. En Colombia somos muchos los que te amamos y siempre te recordaremos. Intercede por nosotros ante el Señor, recuerda que la misión continúa así estemos en la Gloria. P. Germán Barona Monsalve, MSC
|